
Muchas veces después de un reencuentro las palabras pasan a un segundo plano, opacadas por las miradas de reconocimiento...
Volver a sentir el aroma que su cuerpo regalaba al aire, era un placer difícil de igualar, y descubrir en su rostro esa sonrisa perversa helaba la sangre y paralizaba los miembros.
Todos los miembros.
Un reproche, innecesario, fue el detonante de besos húmedos, seguidos de una necesidad insostenible de tocar, abrazos fuertes que amenazaban con flaquear la decencia de ambos.
Otro reproche, insostenible, nos separo nuevamente quien sabe por cuanto tiempo.
- No me llamaste???- pregunto hiriendo.
- Para que??- conteste otra vez descreído.






